Moquillo canino

El moquillo canino ataca donde quiera que haya perros. De todas las enfermedades es esta la numero uno. Más del 50% de los perros adultos no vacunados contraen esta enfermedad. Entre los cachorros, la tasa de mortandad por motivo de moquillo es alta. Aunque un perro no muera, su salud puede quedar permanentemente deteriorada. 
Una infección de moquillo canino puede dañar el sistema nervioso irreparablemente, al igual que su sentido del olfato, del oído o de la vista. La parálisis parcial o total no es nada rara, y otras enfermedades, especialmente la neumonía, atacan frecuentemente a los perros que han sido debilitados por una infección de moquillo. Los perros jóvenes y los cachorros son los más susceptibles a la infección. La enfermedad ataca igualmente a los perros mayores, aunque con mucha menos frecuencia. La hepatitis infecciosa canina ocurre a menudo simultáneamente con el moquillo canino. Ni el moquillo ni la hepatitis canina pueden transmitirse al hombre.
El moquillo canino es una enfermedad extremadamente contagiosa provocada por un pequeño virus; se transmite con mayor frecuencia por medio del contacto con las mucosidades y las secreciones acuosas de los ojos y hocico de los perros infectados. El contacto con la orina y las heces fecales de los perros infectados puede resultar igualmente en infección. Un perro sano puede infectarse sin entrar en contacto con un animal infectado. Los criaderos y los corrales para perros, al igual que cualquier otra área usada por perros infectados pueden albergar el virus del moquillo canino. El virus puede ser transmitido por las corrientes de aire y objetos inanimados. A menos que se fuese a mantener al perro completamente aislado, es prácticamente imposible evitar que se exponga a la enfermedad. 
Prácticamente todo perro que alcance el año de edad ha estado ya en contacto con el virus.

El moquillo presenta muchos signos que no siempre son característicos. Es por esta razón que se puede demorar el tratamiento hasta el punto de no llegar a darse. Frecuentemente, la enfermedad produce algo así como un resfriado severo. La mayoría de los perros infectados tienen fiebre. Los animales expuestos a la enfermedad pueden contraer bronquitis, neumonía e inflamación del estomago y de los intestinos. Los primeros signos del moquillo que el dueño del perro puede detectar son: estrabismo, congestión y secreción de pus en los ojos. Son frecuentes también, una reducción en el peso, tos, vómitos, secreciones nasales y diarrea. 

En los estados mas avanzados de la enfermedad, el virus ataca con frecuencia el sistema nervioso, provocando una parálisis parcial o completa, como también tic y convulsiones. Los perros que sufren la enfermedad se muestran generalmente apáticos y tienen muy mal apetito. Hay casos en que los síntomas pueden ser muy tenues y que no lleguen a detectarse, o puede que el perro tenga solamente una ligera fiebre durante un par de semanas.

Los problemas nerviosos pueden aparecer a veces semanas después que el animal se ha recuperado de los primeros síntomas de la infección. Hay ocasiones en que el virus causa rápido crecimiento de las células de queratina endurecidas en el cojinete plantar. El moquillo es tan común y sus signos son tan variados que cualquier perro joven que este enfermo deberá traerse a la veterinaria para un diagnostica definitivo.

Los perros que sobreviven a una infección natural pueden desarrollar inmunidad para protegerse del moquillo durante el resto de su vida. Hay muchos perros – especialmente cachorros – que no sobreviven a una infección adquirida naturalmente. La protección más segura es la vacuna, pero desgraciadamente, los científicos no han inventado todavía una vacuna contra el moquillo que garantice la inmunidad del perro durante toda su vida con una sola serie de aplicaciones. Los cachorros que nacen de hembras inmunes al moquillo adquieren cierto grado de protección natural por un tiempo. Si la madre amamanta a los cachorros, los mismos obtienen una inmunidad adicional gracias a las sustancias en el calostro, o primera leche. El grado de protección que un cachorro recibe, varia en proporción a la cantidad de anticuerpos que la madre tenga, pero nunca será completamente suficiente. Esta inmunidad pasiva transmitida por la madre disminuye con gran rapidez a las dos semanas de nacido